El legado del Apóstol Tomás/ The legacy of the Apostle Thomas

in HeartChurch2 months ago
El apóstol Tomás pasó a la posteridad como el incrédulo que necesitó ver y palpar las heridas de nuestro Señor Jesucristo para convencerse de la verdad, una vez que éste resucitó y se les apareció al resto de los discípulos para bañarlos con la gracia del espíritu santo. Sin embargo, es necesario detenerse a examinar con atención las circunstancias en que Tomás manifestó esa duda, así como el papel que le asignó el destino dentro de la sagrada biografía del hijo de Dios.

Si tomamos en cuenta que en la Biblia ninguna palabra parece estar puesta al azar y que todos los hechos plasmados en El Nuevo Testamento están destinados a dejar constancia de la grandeza de Jesús, se hace evidente que casi la totalidad de los individuos que palpitan en sus páginas tienen un rol, asignado por el destino, que deben llevar a cabo para cumplir lo que ya ha sido señalado por las profecías o para corroborar la importancia del ministerio, tanto en sus dificultades como en su grandeza, que instaura el Nazareno para toda la eternidad. Por supuesto, los humanos que interactúan con el Maestro, no tienen conciencia del significado que tendrán sus acciones para el porvenir, ya que sólo Dios conoce sobre la vida de cada uno de sus hijos; por lo tanto, son individuos que manifiestan sus miedos, sus dudas, su felicidad y, como es natural, sus errores porque la perfección no es parte de nuestra naturaleza.

Es conveniente, con respecto al apóstol Tomás, meditar de dónde le viene de repente su incredulidad si, como ha sido señalado por muchos investigadores que se han ocupado de su vida, su fidelidad, su dedicación al Maestro antes de que la famosa duda se manifestara había sido incuestionable y resalta dentro de las pruebas de amor más contundentes que recibió el Nazareno. Cuando éste quiso, por ejemplo, regresar a Judea, donde antes el pueblo había intentado apedrearlo, porque su amigo Lázaro había muerto, los apóstoles expresan su contrariedad ante el claro peligro a que se expone el líder. Pero Tomás zanja la cuestión con una sentencia inolvidable: “Vamos también nosotros, para que muramos con él” (Juan 11:16). Podemos observar, entonces, que no tiene este discípulo ningún problema en morir junto a su Señor, lo cual, además de constituir una expresión radical de lealtad, lo cataloga como un hombre decidido, valiente, dispuesto a darlo todo por aquello en lo que cree.

Ese carácter decidido, sin medias tintas, de hombre que no acepta la duda en su corazón y no se queda callado ante aquello que lo intriga, lo pone en evidencia Tomás durante la celebración de La Última Cena. En esa oportunidad, Jesús les dice -palabras más, palabras menos- que una vez que Él se haya marchado a la casa del Padre no existirá ningún problema porque ya ellos conocen el camino. Sin embargo, Tomás lo increpa al señalarle que si ellos no saben adónde Él va cómo pueden conocer el camino. Y esta interrogante da pie para que el Nazareno pronuncie una de sus máximas más bellas y más citadas en todos los tiempos: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Este último pasaje corrobora lo que señalábamos anteriormente sobre el papel que cada individuo ejerce al lado del Redentor. Está a la vista que el de este apóstol consiste en destacar lo que no es evidente para que la grandeza del amor y la verdad aparezca en toda su sagrada e infinita dimensión.

Las circunstancias en que el apóstol Tomás manifiesta su aparente incredulidad contribuyen a comprender su sentido más profundo dentro del evangelio cristiano. Para ese momento Jesús ha sido crucificado y sepultado, tal como probablemente ha sucedido con muchos profetas que le antecedieron, cuyos seguidores fueron exterminados por las autoridades y sus doctrinas no tuvieron ninguna repercusión para la humanidad. Los apóstoles tienen miedo, así lo manifiesta el evangelista que ya hemos citado cuando expresa que se encontraban reunidos “a puerta cerrada por temor a los judíos”. Ante este panorama, no se vislumbra todavía un camino seguro, quienes vivieron el magisterio del gran Maestro se encuentran paralizados por la incertidumbre; están conscientes de que sería una terrible pérdida que se diluyera en el olvido todo lo que han recibido, pero no perciben aún la grandeza que les depara el destino. Por ello se les aparece Jesús resucitado para mostrarles sus heridas e indicarles el sendero de su ministerio; pero, en esa primera oportunidad, Tomás no estaba con el resto de los discípulos. Cuando éstos le refieren, regocijados, lo que ha sucedido, el supuesto incrédulo lo único que hace es manifestar con su carácter de siempre una duda que ha de ser aclarada y dejará en evidencia el milagro de la resurrección y la esperanza de la vida eterna para la humanidad. Tomás, con su particular modo de ser, está cumpliendo con el papel que le ha asignado el destino en el seno de la doctrina cristiana: señalar las fisuras de la verdad para que esta florezca con todo su esplendor y quede reinando eternamente. Su desconfianza deja en evidencia las inquietudes del ser humano, sus razonables perplejidades, que una vez aclaradas contribuyen a engrandecer la obra de nuestro Señor.

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The legacy of the Apostle Thomas

The apostle Thomas passed to posterity as the unbeliever who needed to see and feel the wounds of our Lord Jesus Christ to be convinced of the truth, once he was resurrected and appeared to the rest of the disciples to bathe them with the grace of the Holy Spirit. However, it is necessary to stop and examine carefully the circumstances in which Thomas manifested this doubt, as well as the role assigned to him by destiny within the sacred biography of the Son of God.

If we take into account that in the Bible no word seems to be placed at random and that all the facts captured in the New Testament are destined to leave a record of the greatness of Jesus, it becomes evident that almost all the individuals who palpitate in its pages have a role, assigned by destiny, which they must carry out to fulfill what has already been pointed out by the prophecies or to corroborate the importance of the ministry, both in its difficulties and in its greatness, that the Nazarene establishes for all eternity. Of course, the humans who interact with the Master are not aware of the meaning that their actions will have for the future, since only God knows about the life of each one of his children; therefore, they are individuals who manifest their fears, their doubts, their happiness and, as it is natural, their mistakes because perfection is not part of our nature.

It is convenient, with respect to the apostle Thomas, to meditate on where his unbelief suddenly comes from if, as has been pointed out by many investigators who have dealt with his life, his fidelity, his dedication to the Master before the famous doubt manifested itself had been unquestionable and stands out among the most convincing proofs of love that the Nazarene received. When he wanted, for example, to return to Judea, where the people had previously tried to stone him, because his friend Lazarus had died, the apostles expressed their displeasure at the clear danger to which the leader was exposed. But Thomas settles the matter with an unforgettable sentence: "Let us also go, that we may die with him" (John 11:16). We can observe, then, that this disciple has no problem in dying with his Lord, which, in addition to constituting a radical expression of loyalty, catalogs him as a determined, courageous man, willing to give everything for what he believes in.

This resolute character, without half measures, of a man who does not accept doubt in his heart and does not remain silent before that which intrigues him, is evidenced by Thomas during the celebration of the Last Supper. On that occasion, Jesus tells them - words more, words less - that once He has gone to the Father's house there will be no problem because they already know the way. However, Thomas rebukes Him by pointing out that if they do not know where He is going, how can they know the way. And this question prompts the Nazarene to utter one of his most beautiful and oft-quoted maxims of all times: "I am the way, the truth and the life. No one comes to the Father except through me" (John 14:6). This last passage corroborates what we pointed out earlier about the role that each individual plays at the Redeemer's side. It is clear that this apostle's role consists in highlighting what is not evident so that the greatness of love and truth may appear in all its sacred and infinite dimension.

The circumstances in which the apostle Thomas manifests his apparent unbelief contribute to understand its deeper meaning within the Christian gospel. By that time Jesus had been crucified and buried, as had probably happened to many prophets who preceded him, whose followers were exterminated by the authorities and whose doctrines had no repercussions for humanity. The apostles are afraid, this is what the evangelist that we have already quoted expresses when he says that they were gathered "behind closed doors for fear of the Jews". Before this panorama, a sure way is not yet glimpsed, those who lived the magisterium of the great Master are paralyzed by uncertainty; they are conscious that it would be a terrible loss if all that they have received were to be diluted in oblivion, but they do not yet perceive the greatness that destiny has in store for them. That is why the risen Jesus appears to him to show them his wounds and to indicate to them the path of his ministry; but, on that first occasion, Thomas was not with the rest of the disciples. When they tell him, rejoicing, what had happened, the supposed unbeliever, the only thing he does is to manifest with his usual character a doubt that has to be clarified and will make evident the miracle of the resurrection and the hope of eternal life for mankind. Thomas, with his particular way of being, is fulfilling the role assigned to him by destiny in the bosom of Christian doctrine: to point out the cracks in the truth so that it may flourish in all its splendor and reign eternally. His mistrust reveals the concerns of the human being, his reasonable perplexities, which, once clarified, contribute to the work of our Lord.

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Excelente post @cruzamilcar63! Noto que muchas veces se critica al apóstol por su incredulidad, sin tomar en cuenta los factores concernientes a su época a los que se tenía que enfrentar, como los que mencionó en sus líneas

Gracias, en primer lugar, por dedicarle unos minutos a mi publicación y comentarla. Sí, quise reivindicar al apóstol, porque le han colocado históricamente esa etiqueta sin considerar otros factores.