¡Se murió el viejo Guaramato, vale!

Gente de Steemit, con este texto continúo la publicación de mis cuentos breves, a la espera de que sea de su gusto.

Quiero agradecer a #venezolanossteem y a @marcybetancourt y @solperez por la oportunidad de publicar en la gran comunidad de los venezolanos en la plataforma.
Muchos saludos.


Fuente

Las tres últimas noches de Carlos David Guaramato fueron como fue su vida: alegres y dicharacheras. Carlos David nunca tomó caña. Todo el mundo pensaba que sí, pero no. Muchos pensaban que Carlos David era borrachón, pero nada más lejos de la verdad. Si una noche se tomaba tres cervezas era mucho. Había pasado toda su vida como trompetista de varias orquestas bailables. Estuvo con el Maestro Billos, con Renato Capriles, en Los Melódicos, y con Porfi Jiménez. Vivió toda su vida en el lote quince de Lídice, en Caracas. Construiría su casa al lado de la de su vieja, la gran Ofelia, y tocando guarachas, porros y merengues con disciplina férrea y sabor indiscutible, había levantado a su familia.

Junto a su mujer, Cristina, había procreado seis hijas, todas hembras. A Guaramato le echaban vaina en el barrio y le decían que era el hombre que había tenido más yernos en la historia, porque cada una de sus hijas habían sido pretendidas por muchos jóvenes del barrio y de más allá. Por supuesto que ese pocotón de gente eran amigos de Guaramato.

Incluso dos de sus hijas se habían casado, divorciado y vuelto a casar un par de veces, así que esa lista de yernos crecía. Todo el mundo en el barrio quería que él fuera su suegro. Era un hombre realmente especial. Pero como a todos, en algún momento le tocaba irse y no pudo ser más tranquila y alegre su despedida.

Aquellas tres últimas noches, hizo de todo un poquito: bailó, cantó, tocó un poquito de trompeta, cargó a su nieta Carla Sofía y vio un juego de beisbol. Hasta se comió dos arepas con mortadela tapara. Carlos Daniel se fue tranquilito. Esa última noche, ya para amanecer, como a las cinco de la mañana, le dijo a Cristina, su mujer: “Negra, me siento un poquito mal” y a las seis ya el barrio lo estaba llorando. Y en el lote quince de Lídice, todo el mundo decía: “¡Coño, el viejo Guaramato va a hacer falta para caerse a curda!

Gracias por su lectura

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