A las Puertas del Hades - Tarde de Chicas / At the Gates of Hades - Girls' Afternoon

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A las Puertas del Hades

Tarde de Chicas

Laura Haimes, Aida Levine, Natalia Soriano, Nicola De Leonardo y Bernice Ortega, habían acudido aquella tarde, después de salir de la academia, al centro de compras de Ciudad Monumento, una suerte de grotesca combinación entre un monumento a las victimas de la guerra, cuya construcción fue patrocinada por una cadena de tiendas de víveres cultivados, y un centro de compras, lleno de boutiques de ropa de moda, tiendas de instalación de implantes corticales y comunicadores de alta gama y costosos restaurantes de comida preparada.

Las chicas comieron en un restaurante de comida perceide, actualmente de moda en Cefeo y luego fueron a visitar las tiendas de ropa e implantes corporales. Nicola, la menor de las tres, quería que le implantaran su primer aro nasal, un accesorio de moda entre las chicas de clase media alta del planeta, de hecho, la salida de las cinco al centro de compras, fue a petición de ella, pues quería darse valor para hacerlo, apoyándose en sus amigas.

Mientras Nicola y Bernice, quienes, aunque tenía diferentes familias, eran hermanas genéticas, entraron a la sala de instalación de los implantes, Laura, Aida y Natalia, permanecieron en la recepción, mirando las pantallas con la selección de trabajos que eran realizados por el instalador.

Cuando veían la imagen de un individuo cuya dentadura había sido reemplazada, en su totalidad por un cortante de titanio y bromeaban sobre lo doloroso que debería ser para el tipo morderse la lengua, algo, fuera del local, llamó la atención de Natalia, que salió corriendo, como siguiendo a alguna persona dentro de la muchedumbre. Laura y Aida, sorprendidas por la actitud de su amiga, corrieron tras ella.

La chica se detuvo frente a un barandal, observando en dirección a los elevadores, Laura y Aida se le unieron, tras llegar sorteando a la gente que deambulaba de un lado a otro, sin ningún tipo de orden.

―¿Qué pasó Natalia?, ¿por qué saliste corriendo así? ―preguntó Aida, jadeando.

―Lo ven, es él ―dijo Natalia señalando el elevador, dentro del cual, un joven moreno de unos veinte años, descendía al nivel inferior, mientras miraba indiferentemente sus zapatos.

―¿Es el chico del que nos hablaste? ―preguntó Laura.

―Sí, es él, el que trabaja en la oficina de papá ―dijo, mientras lo miraba con cara de cachorro extraviado ―es lindo, ¿verdad?

―Supongo que sí, pero no soy buena referencia, ya conoces mis gustos ―respondió Laura.

―Sí, es lindo ―intervino Aida ―aunque un poco bajo, no debe ser de Cefeo, ¿verdad?

―Nunca he hablado con él, sólo he podido sonreír como idiota y balbucear algunos monosílabos cada vez que hemos estado cerca ―dijo la chica, siguiendo con su mirada al joven, que había bajado del elevador y caminaba por el piso inferior viendo las vidrieras ―. Pero creo que mi papá me dijo que era de Heracles.

―Vamos a hablar con él ―dijo Aida, asiendo de la mano a Natalia y halándola ―vamos, nosotras te apoyaremos ―dijo sonriente.

―No creo que esto sea buena idea ―dijo Laura, mientras veía a sus amigas correr dándole la espalda ―. En fin, a quien le importa lo que yo piense ―dijo para sí, y corrió tras sus amigas.

Las chicas bajaron usando la escalera automática, corrieron hacia donde estaba el joven, pero no lo encontraron frente a las vidrieras donde lo habían visto desde arriba, entonces Aida miró dentro de la tienda y se percató de que había entrado y estaba mirando un implante comunicador de una de las vitrinas.

Aida empujó a Natalia dentro de la tienda y llegaron a tropezones hasta donde estaba el joven, se aproximaron a él y de inmediato reconoció a Natalia.

―Hola Natalia ―dijo él, sonriéndole a la chica ―. ¿Cómo has estado?, ¿esta es tu amiga? ―preguntó refiriéndose a Aida.

―Hola Saul … ―dijo Natalia torpemente.

―Hola soy Aida y ella es Laura ―dijo Aida sonriente, a la vez que señalaba a Laura quien en ese momento entraba al local ―. Natalia y yo pensamos que eres lindo.

―En serio y ¿Laura no piensa igual? ―dijo Saul, riendo por la audacia de la chica.

―No, a mi me das igual ―dijo Laura oscamente, con cara de enojo.

―No le hagas caso, a ella no le gustan los chicos ―intervino Aida, mientras Natalia se mantenía embobada siguiendo la conversación.

―Natalia, te parece si les invito unos pastelillos y tomamos un café, me dicen que hay uno muy bueno en el otro edificio ―dijo Saul.

―No creo que sea buena idea ―dijo Laura, señalando el piso superior ―. Debemos esperar a Berni y Nico.

―No seas tonta Laura ―dijo Aida ―. Ellas nos avisarán cuando terminen y vendremos a buscarlas o les diremos que nos encuentren allá.

―Bueno no se diga más, vamos allá, las llevo en mi auto, no puedo caminar mucho, me acaban de reconstruir la rodilla por un accidente en deslizador ―dijo señalando en dirección de la salida al estacionamiento.

―Claro vamos ―dijo Aida.

Siguieron a Saul, hasta un solitario vehículo de color azul oscuro, era uno de los modelos más nuevos de Lauda, uno de los principales fabricantes de Cefeo, una de las pocas industrias que había sobrevivido a la guerra.

Natalia y Aida entraron presurosas al vehículo, y miraron a Laura, que las observó atónita desde fuera del auto.

―Chicas, vamos, mejor vayamos por Berni y Nico, luego alcanzaremos a Saul en el café ―dijo Laura con expresión de enfado.

―Sube Laura, ellas nos buscarán luego ―dijo Aida, mientras Natalia asentía con la cabeza.

Laura inhalo profundamente y tras suspirar, abordó el vehículo de Saul, quien cerró la puerta tras ella y rodeó para abordar en el puesto del piloto, mientras las chicas sentadas en el asiento posterior sonreían y se hacían señas unas a otras.

Saul subió al auto y se dio vuelta para mirarlas, tenia un filtro respirador cubriendo su nariz y boca, las chicas lo vieron con extrañeza, Laura trató de abrir la puerta, pero estaba asegurada, Saul levantó su mano y en ella tenía una especie de lata de aerosol, que roció en el rostro de las chicas, que empezaron a toser violentamente, Laura vio como Natalia vomitó sobre su falda y luego cayó de bruces, apoyando su cara sobre el respaldo del asiento delantero del vehículo, mientras tanto sus ojos se fueron nublando, a la vez que tosía hasta perder el conocimiento.

Texto de @amart29 Barcelona, Venezuela, septiembre de 2020

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At the Gates of Hades

Girls' Afternoon

Laura Haimes, Aida Levine, Natalia Soriano, Nicola De Leonardo and Bernice Ortega, had come that afternoon, after leaving the academy, to the Ciudad Monumento shopping center, a sort of grotesque combination between a monument to the victims of the war, whose construction was sponsored by a chain of cultivated food stores, and a shopping center, full of fashionable clothing boutiques, cortical implant installation stores and high-end communicators and expensive ready-made food restaurants.

The girls ate at a perceide food restaurant, currently in vogue at Cefeo, and then went to visit the clothing and body implant stores. Nicola, the youngest of the three, wanted to have her first nose ring implanted, a fashionable accessory among upper-middle class girls on the planet. In fact, the five o'clock departure for the shopping center was at her request, as she wanted to give herself the courage to do so, relying on her friends.

While Nicola and Bernice, who, although they had different families, were genetic sisters, entered the implant installation room, Laura, Aida and Natalia, remained in the reception, watching the screens with the selection of works that were made by the installer.

When they saw the image of an individual whose teeth had been replaced, in its entirety by a titanium cutter, and joked about how painful it should be for the guy to bite his tongue, something, outside the room, caught the attention of Natalia, who ran out, as if following someone in the crowd. Laura and Aida, surprised by their friend's attitude, ran after her.

The girl stopped in front of a handrail, looking in the direction of the elevators, Laura and Aida joined her, after arriving by avoiding the people who were wandering from one side to the other, without any kind of order.

-What happened Natalia, why did you run away like that? -asked Aida, panting.

-You see, it's him, -said Natalia pointing to the elevator, inside which a young brown man in his twenties was descending to the lower level, while he looked indifferently at his shoes.

-Is this the boy you told us about? -Laura asked.

-Yes, that's him, the one who works in Dad's office -she said, as she looked at him with a face like a lost puppy -he's cute, isn't he?

-I guess so, but I'm not a good reference, you know my preferences, -Lura replied.

-Yes, he's cute, -Aida intervened -although a little small, he must not be from Cepheus, right?

-I've never spoken to him, I've only been able to smile like an idiot and babble a few monosyllables every time we've been close, -said the girl, following the young man who had come down from the elevator and was walking around the lower floor looking at the windows-. But I think my dad told me he was from Heracles.

-Let's go talk to him, -said Aida, holding Natalia's hand and pulling her out. -Come on, we'll support you, -she said with a smile.

-I don't think this is a good idea, -said Laura, as she watched her friends run away with their backs to her-. Anyway, who cares what I think, -she said to herself, and ran after her friends.

The girls came down the escalator, ran to where the young man was, but couldn't find him in front of the windows where they had seen him from above, so Aida looked inside the store and realized he had entered and was looking at a communication implant in one of the display cases.

Aida pushed Natalia into the store and they stumbled over to where the young man was, approached him and immediately recognized Natalia.

-Hello Natalia, -he said, smiling at the girl, -How have you been? Is this your friend? -he asked, referring to Aida.

-Hello Saul ... -said Natalia awkwardly.

-Hi, I'm Aida and she' s Laura, -said Aida smiling and pointed to Laura who was entering the room at that moment-. Natalia and I think you're cute.

-Really, and Laura doesn't think so? -Saul said, laughing at the girl's audacity.

-No, I don't care about you, -said Laura darkly, with an angry face.

-Don't listen to her, she doesn't like boys -Aida intervened, while Natalia kept gawking at the conversation.

-Natalia, do you mind if I buy them some cupcakes and we have a coffee, they tell me there's a good one in the other building, -said Saul.

-I don't think that's a good idea, -said Laura, pointing to the upper floor -. We should wait for Berni and Nico.

-Don't be silly, Laura, -said Aida-. They'll let us know when they're finished and we'll come and get them or tell them to meet us there.

-Well, that's it, let's go, I'm taking you in my vehicle, I can't walk much, I just had my knee reconstructed due to a sliding accident - she said pointing in the direction of the parking lot exit.

-Sure, let's go, -said Aida.

They followed Saul to a lonely dark blue vehicle, one of the newest models from Lauda, one of the main manufacturers of Cepheus, one of the few industries that had survived the war.

Natalia and Aida rushed into the vehicle, and looked at Laura, who watched them in awe from outside the car.

-Girls, come on, let's go get Berni and Nico, then we'll catch up with Saul at the café -said Laura with an angry expression.

-Get in Laura, they'll be looking for us later, -said Aida, while Natalia nodded her head.

Laura took a deep breath and after sighing, she boarded Saul's vehicle, who closed the door behind her and circled to board the pilot's seat, while the girls sitting in the back seat smiled and waved at each other.

Saul got into the car and turned around to look at them, he had a breathing filter covering his nose and mouth, the girls looked at him strangely, Laura tried to open the door, but it was locked, Saul raised his hand and in it he had a kind of aerosol can, which he sprayed on the girls' faces, who started coughing violently, Laura saw how Natalia threw up on her skirt and then fell flat on her face, resting her face on the back of the front seat of the vehicle, while her eyes became cloudy and she coughed until she lost consciousness.

Text of @amart29 Barcelona, Venezuela, September 2020

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Otros relatos de la serie A las Puertas del Hades

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