El Último Hostal / The Last Hostel

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El Último Hostal

Ahí estaba, Parnaso, el último hostal, el último lugar de descanso del viajero, el último sitio de calma en una galaxia víctima de la entropía, desde la caída del reinado de los humanos, nuestra presencia ya no era bien recibida en ninguna parte, ni siguiera los Inus nos albergaban ahora, en sus ya escasos nodos operativos. Sólo la seguridad e imparcialidad de Parnaso, permite algo de paz, a los pocos que quedamos en este oscuro y moribundo universo.

En un mundo iluminado sólo por el calor remanente de una enana blanca, una de las pocas que aun brilla, en medio de una desolada y helada estepa, sus tres lúgubres edificio se levantan, como única señal de vida en todo el planeta, iluminados por la casi agotada energía proveniente de uno de los últimos micro reactores de fusión, aun en funcionamiento, una tecnología olvidada, en un universo en el que casi todo el hidrógeno se ha agotado, tras el fin de las últimas estrellas.

Frente al edificio, siete naves, todas ellas diferentes, se encontraban detenidas, por lo visto, hoy había más huéspedes de lo habitual, sobre todo para una galaxia casi deshabitada. Descendí al lado de una vieja y destartalada nave cintar, muy lejos de sus antiguos dominios pensé, al otro lado del lóbulo central de la galaxia, donde ya ni siquiera las enanas blancas brillan, donde la luz y el calor son cosas del pasado.

Bajé de la nave, enfundado en mi sucio y gastado traje hermético, aunque la delgada atmósfera era respirable, el intenso frio me habría congelado, como una fea estatua de hielo, tan sólo por pisar el suelo, sin el adecuado aislamiento.

Al entrar, pude ver que sólo tres de las doce mesas estaban ocupadas, al parecer se trataba sólo de viajeros solitarios como yo, nada de grupos de migrantes, que escaparan a sitios más calurosos. El cintar, con su voluminoso cuerpo de tres metros de altura y casi cuatrocientos kilos, se encontraba sentado en la mayor de las mesas, frente a él, un descomunal banquete de vegetales y carne de protel, salidos de un generador, era devorado ruidosamente, por su horrible boca, parecida a un ano de veinte centímetros, situada en medio de lo que podría ser su pecho.

Caminé a su lado, sin prestarle mayor atención, estos engendros solían enfurecerse, cuando se les veía con mucho interés, y no era nada agradable discutir con una criatura del tamaño de una montaña, el aspecto de un pepino marino y que te gritaba palabras incomprensibles, por una fea boca que apesta a lo mismo que parece.

Me dirigí a la barra, también ignorando al dolotiano y la predora, que ocupaban las otras mesas, sus especies eran demasiado nuevas, como para ser de peligro, aun siendo un paría para la galaxia, el pertenecer a una de las especies más antiguas aun en pie, tenía sus ventajas, una de ellas, que nada parecía ser nuevo para ti, mientras que ser uno de los pocos humanos que existen también te hace el centro de atención en cualquier sitio al que vas, muchas veces de forma indeseada.

Me aproximé a la barra y el robot generador con forma de taraxiano, que la atendía, me preguntó, con un horrible acento de Persefone y en un ya olvidado dialecto humano, que deseaba tomar.

―Dame lo más parecido a una cerveza de cebada que tengas, pero por favor, que no sea ese extraño brebaje de los perdomitas, y que esté fría, odio la cerveza caliente ―le dije.

Después de algunos chillidos y zumbidos, el robot me entregó una jarra de vidrio, llena de un cristalino liquido amarillo, cubierto por una delgada capa de espuma; al menos tiene buen aspecto, pensé al verlo.

Desactive el visor de mi casco y di un sorbo a la jarra, no era la mejor, pero no estaba tan mal como hubiera esperado, me recargue de la barra y seguí bebiendo.

―Me sirves algo de comer, lo más parecido a comida humana que tengas, por favor ―le dije al robot y me fui a sentar en una mesa, con la jarra de cerveza en mi mano.

Al sentarme, en el generador de la mesa, se materializó un tazón de caldo de verduras y cangrejo y un plato de pure de guisantes, acompañado con lo que parecía ser una costilla de cerdo glaseada. No pensé que cosas como estas se pudieran obtener aun de un generador, creí que a lo único que podíamos aspirar los humanos, era a un extraño e insipido potingue similar a una crema de vegetales, con tozos de alguna sospechosa carne.

Comí rápidamente el caldo, para poder continuar con la carne, tratando de levantar la mirada lo menos posible, para evitar ver a la monstruosidad que frente a mi comía enormes cantidades de vegetales, ¿Cómo podía apestar tanto si su dieta era casi en su totalidad de verduras?

Cuando terminé de comer, me levanté y me dirigí al vestíbulo, a solicitar una habitación donde poder quitarme el traje y tomar un baño caliente, ya estaba cansado de dormir en un catre de cincuenta centímetros de ancho y frotarme con una esponja en mi nave. El empleado, un taraxiano pálido y debilucho, me vio con asombro, asumí que nunca había visto antes a un humano.

―Dame una habitación con cama y ducha, muchacho― le dije.

―Claro humano, tenemos habitaciones adecuadas para usted ―me respondió en un chillón dialecto del sur de Taraxis ―. Sabe, soy nuevo aquí, el jefe me dijo que los humanos venían rara vez, pero es el tercero que veo hoy, nunca pensé que pudiera ver tantos de ustedes en mi vida y menos aún juntos.

―¿Hay más humanos aquí? ―le pregunté asombrado.

―Sí, tienen la habitación contigua a la suya, son dos de sus hembras creo, llegaron juntas esta mañana, después de comer se metieron en su habitación y no han vuelto a salir.

Después de escuchar algunas otras historias del charlatán taraxiano, subí a mi habitación, como era de esperar la luz era más intensa de lo que debería, pero al menos la temperatura era adecuada y el agua de la ducha estaba caliente, después de bañarme, me recosté en la cama y estaba empezando a caer dormido, cuando golpearon a la puerta de la habitación.

Me aproximé y pregunté quien tocaba, al otro lado se escuchó una melodiosa voz decir en un claro dialecto humano, “somos las huéspedes de la habitación vecina, queremos hablar con usted”.

Abrí la puerta y ahí estaban dos mujeres humanas, algo que no había visto desde hacía casi cuatrocientos años, no sabría decir si eran hermosas o no, mi contacto con el género opuesto, habían sido muy poco a lo largo de mi vida, fui criado en un albergue, donde era el único de mi especie y durante mis trece mil años, sólo había visto a otros veinte humanos, de los cuales sólo cinco fueron mujeres.

Una de ellas era de piel más clara que la mía y cabello rubio y corto, la otra tan morena como yo y con una larga cabellera purpura. Entraron a mi habitación sin pedirme permiso y se sentaron en la cama.

―¿Como te llamas hombre? ―me preguntó la morena.

―No tengo un nombre, me criaron sin uno, siempre me han llamado humano ―les respondí ―. ¿Qué quieren de mí?

―Cuando el chismoso del recepcionista nos vino a avisar, que había otro humano en el hostal, de inmediato quisimos conocerte ―dijo la morena ―. Mi nombre es Sailana y mi compañera Irda, nos conocimos en cuadrante delta, hemos viajado desde hace nueve mil años y eres el primer hombre con el que nos cruzamos.

―Si nos hemos hecho compañía por mucho tiempo ―dijo la rubia―. Y pensamos que tu podrías hacernos compañía ahora.

―¿A dónde se dirigen? ―les pregunté, aun sin entenderles.

―Eso no tiene importancia, no queremos que viajes con nosotros, queremos que copules con nosotras ―dijo la morena.

―Nunca hemos tenido compañía masculina y creemos que nuestro deber es tratar de procrear, no hay muestras de genes humanos en casi ningún lugar, la mayoría nos detesta demasiado como para guardar nuestra semilla. Así que pensamos que; ya que estas tu aquí, podíamos hacerlo a la antigua.

Luego de decir esto, ambas se levantaron y empezaron a quitarse los mamelucos que las cubrían, se aproximaron a mí y me empujaron al ruidoso colchón, para luego abalanzárseme encima.

Repentinamente sentí una mano sacudir mi hombro, y una ronca vos ladrar palabras junto a mi oreja.

―Despierte Lucio, que no se le pagamos por dormir ―dijo la horrible voz.

Atónito y enceguecido por la brillante proyección de un formato fiscal frente a mi cara, parpadee con mi cerebro retumbando, para luego inclinar mi cabeza a la derecha y levantar la mirado, hacia la fuente de la ruidosa voz y encontrarme con su atemorizante origen.

―Ya se despertó Lucio, tome un café de la generadora y continúe con el análisis de las otras treinta y dos declaraciones del consorcio Ernes, no me importa si le toma toda la noche, pero quiero eso en mi terminal mañana a primera hora ―me dijo el señor Petersen, director del departamento de auditoría fiscal; mi jefe ―. Ya es tarde yo me voy a mi habitación. Espero verlo con el trabajo terminado por la mañana.

Me levante de mi terminal y caminé hacia la máquina generadora, tal vez después de dos cafés, recuperaría lo suficiente el sentido, como para continuar con las declaraciones.

Texto de @amart29 Barcelona, Venezuela, octubre de 2020

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The Last Hostel

There it was, Parnassus, the last hostel, the last resting place of the traveler, the last place of calm in a galaxy victim of entropy, since the fall of the human reign, our presence was no longer welcome anywhere, not even if the Inus were now sheltering us, in their already scarce operative nodes. Only the security and impartiality of Parnassus allows some peace to the few of us left in this dark and dying universe.

In a world illuminated only by the remaining heat of a white dwarf, one of the few that still shines, in the middle of a desolate and frozen steppe, its three gloomy buildings stand, as the only sign of life on the whole planet, illuminated by the almost exhausted energy coming from one of the last micro fusion reactors, still in operation, a forgotten technology, in a universe where almost all the hydrogen has been exhausted, after the end of the last stars.

In front of the building, seven ships, all of them different, were stopped. Apparently, today there were more guests than usual, especially for an almost uninhabited galaxy. I descended next to an old and dilapidated Cintar ship, far away from its old domains I thought, on the other side of the central lobe of the galaxy, where not even the white dwarfs shine anymore, where light and heat are things of the past.

I came down from the ship, sheathed in my dirty and worn-out airtight suit, although the thin atmosphere was breathable, the intense cold would have frozen me, like an ugly ice statue, just by stepping on the ground, without the proper insulation.

As I entered, I could see that only three of the twelve tables were occupied, apparently only by lonely travelers like me, no groups of migrants, escaping to warmer places. The Cintar, with his voluminous body of three meters of height and almost four hundred kilos, was seated on the biggest of the tables, in front of him, a huge banquet of vegetables and meat of protel, coming out of a generator, was noisily devoured, by his horrible mouth, similar to an anus of twenty centimeters, located in the middle of what could be his chest.

I walked beside him, not paying much attention, these ghouls used to get angry, when they were seen with much interest, and it was not at all pleasant to discuss with a creature the size of a mountain, the aspect of a sea cucumber and that was shouting incomprehensible words, for an ugly mouth that reeks of the same as it looks.

I went to the bar, also ignoring the Dolotian and the Predor, who occupied the other tables, their species were too new, to be of danger, even being a pariah to the galaxy, belonging to one of the oldest species still standing, had its advantages, one of them, that nothing seemed to be new to you, while being one of the few humans that exist also makes you the center of attention wherever you go, often in an undesired way.

I approached the bar and the Taraxian-shaped robot generator, which was attending to it, he asked me, with a horrible Persephone accent and in an already forgotten human dialect, which he wanted to take.

-Give me the closest thing you have to a barley beer, but please don't let it be that strange brew of the Perdomitas, and let it be cold, I hate hot beer -I told it.

After some squealing and buzzing, the robot handed me a glass mug, filled with a crystalline yellow liquid, covered with a thin layer of foam; at least it looks good, I thought as I looked at it.

I turned off the visor on my helmet and took a sip from the jug, it wasn't the best, but it wasn't as bad as I would have hoped, I reloaded from the bar and continued drinking.

-You serve me something to eat, the closest thing you have to human food, please -I said to the robot and went to sit at a table, with the beer mug in my hand.

As I sat down, in the generator of the table, a bowl of vegetable and crab broth and a plate of pureed peas materialized, accompanied by what appeared to be a glazed pork rib. I did not think that things like this could be obtained even from a generator, I thought that the only thing humans could aspire to was a strange and insipid potingue similar to a cream of vegetables, with a few suspicious meat sticks.

I ate the broth quickly, so that I could continue with the meat, trying to raise my eyes as little as possible, to avoid seeing the monstrosity that ate enormous quantities of vegetables in front of me. How could it stink so much if its diet was almost entirely made up of vegetables?

When I finished eating, I got up and went to the lobby, to request a room where I could take off my suit and take a hot bath. I was already tired of sleeping on a cot that was fifty centimeters wide and rubbing myself with a sponge in my ship. The employee, a pale, weak Taraxian, looked at me in amazement, I assumed he had never seen a human before.

-Give me a room with a bed and shower, boy," I said.

-Of course, we have suitable rooms for you, - he answered me in a loud dialect of the southern Taraxis -. You know, I am new here, the boss told me that humans rarely come, but this is the third one I see today, I never thought I would see so many of you in my life and even less together.

-Are there any more humans here?

-Yes, they have the room next to yours, they are two of your females I think, they arrived together this morning, after eating they went into their room and have not come out since.

After hearing some other stories from the Taraxian charlatan, I went up to my room, as expected the light was more intense than it should be, but at least the temperature was adequate and the water in the shower was hot, after bathing, I lay down on the bed and was starting to fall asleep, when they knocked on the door of the room.

I approached and asked who was playing, on the other side there was a melodious voice saying in a clear human dialect, "we are the guests of the neighboring room, we want to talk to you".

I opened the door and there were two human women, something I had not seen for almost four hundred years, I could not say if they were beautiful or not, my contact with the opposite gender, had been very little throughout my life, I was raised in a shelter, where I was the only one of my species and during my thirteen thousand years, I had only seen twenty other humans, of which only five were women.

One of them was lighter-skinned than mine and had short blond hair, the other was as dark as me and had long purple hair. They entered my room without asking my permission and sat on the bed.

-What's your name, man? -the brunette asked me.

-I don't have a name, they raised me without one, they have always called me human, -I answered them-. What do they want from me?

-When the gossip from the receptionist came to tell us that there was another human in the hostel, we immediately wanted to meet you - said the brunette -. My name is Sailana and my partner Irda, we met in delta quadrant, we have been traveling for nine thousand years and you are the first man we met.

-We've been keeping each other company for a long time, -said the blonde. And we thought that you could keep us company now.

-Where are you going,? -I asked them, even without understanding them.

-That's not important, we don't want you to travel with us, we want you to copulate with us, -said the brunette.

-We have never had male company and we believe it is our duty to try to procreate, there are no human gene samples anywhere, most of them hate us too much to save our seed. So we thought that since you are here, we could do it the old-fashioned way.

After saying this, both of them got up and started taking off the jumpsuits that were covering them, approached me and pushed me onto the noisy mattress, and then pounced on me.

Suddenly I felt a hand shake my shoulder, and a hoarse voice bark words by my ear.

-Wake up, Lucius, you are not paid to sleep --said the horrible voice.

Stunned and blinded by the brilliant projection of a fiscal format in front of my face, I blinked with my brain rumbling, and then I tilted my head to the right and looked up, towards the source of the noisy voice and found its frightening origin.

-Lucio woke up, had a coffee from the generator and continued with the analysis of the other thirty-two statements from the Ernes consortium. I don't care if it takes all night, but I want that in my terminal first thing tomorrow morning, -Mr. Petersen, director of the fiscal audit department; my boss, told me -. It's already late, I'm going to my room. I hope to see you with the job done in the morning.

I got up from my terminal and walked to the generating machine, maybe after two coffees, I would come to my senses enough, to continue with the statements.

Text of @amart29 Barcelona, Venezuela, October 2020

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Previamente publicado en mi blog de Hive


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Enhorabuena, su "post" ha sido "up-voted" por @dsc-r2cornell, que es la "cuenta curating" de la Comunidad de la Discordia de @R2cornell.

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Las historias humanas se proyectan por el espacio y por los siglos como ecos e ideas de una misma experiencia. ¿Qué es lo que seremos en el futuro? ¿Cómo fue aquel pasado más remoto que nuestra memoria? Siempre fascinante sumergirse en sus historias!

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