Relato: Pizza para Perséfone

in #spanish3 months ago

Antonio se quedó boquiabierto. Frente a él se encontraban grandes puertas de oro y caoba con extraños bajorrelieves adornando sus superficies. "¡Sí que están grandes!", se dijo mientras que, con un par de golpecitos, tocó la puerta. No pasó ni un segundo cuando una de las puertas se abrió y de ellas salió una mujer con un pañuelo en la cabeza y de extraños atavíos coloridos.

"Buen día, señora. ¿Es aquí donde pidieron una pizza de anchoas y peperoni?", preguntó Antonio.

"¡Oh, sí! Sí, es aquí. Espere le aviso a la señora. No me tardo".

La mujer cerró un momento la puerta; desde el otro lado escuchó que llamaba a una tal Perséfone, quien, con una voz dulzona, le pidió que se ocupara de la niña mientras ella iba a buscar el dinero para pagarle. Antonio, quien esperaba pacientemente a las afueras de lo que él creía era una casa, miró a su alrededor. No había otra casa en los alrededor; todo estaba muy oscuro, como si estuviera en una cueva aunque era un bosque. Se preguntó si aquella familia vivía ahí para escapar de la vida urbana o se estaba escondiendo de algún grupo en especial. No es que le importe, pero en los tiempos en que vive ya cualquier cosa es posible.

La puerta se abrió otra vez, solo que en lugar de la mujer se encontraba una hermosa dama de estatura alta, largos cabellos oscuros, ojos verdes y labios carnosos ataviada con un vestido rojo con negro de un pronunciado escote. Antonio, tímido, le entregó la pizza; su anfitriona, quien supuso era Perséfone, asentó la pizza en una mesa que estaba en el centro de la sala de estar y luego le pagó a Antonio la cantidad marcada en el recibo.

"Es una bonita casa la que tiene, señora", comentó de pronto Antonio.

"Oh, muchas gracias", replicó la mujer con una sonrisa. "Mi esposo la diseñó para estar acorde con la naturaleza".

"¿Es arquitecto?"

"No, pero es un gran fan de las galletas de tu abuela Fidencia".

Antonio se sobresaltó. Su abuela Fidencia, a quien quería mucho, había fallecido hace unos años de vejez; tenía 98 años, pero con la vitalidad de una dama de 70. ¿Cómo es que aquella dama la conocía? A punto estaba de preguntarle cuando Perséfone añadió:

"Creo que ya es hora de que despiertes; llegarás tarde a tu trabajo. Dice tu abuela que te quiere mucho y que no olvides ponerle su mucbilpollo este año".

"¿Eh?..."

No pudo terminar la frase, pues le cayó encima una suerte de líquido amarillento proveniente de un perro gigante...


Antonio se cayó enseguida de la hamaca. Asustado, miró a su alrededor; ¿era un sueño? ¡Parecía tan real! Levantándose del suelo, vio el reloj que colgaba en la pared. Con premura, salió de su cuarto para darse un baño, pues se le había hecho tarde para ir al trabajo.

Mientras tanto, en el Hades, Perséfone y Hades estaban sentados con sus hijas Melinoe y Makaria comiendo la pizza de anchoas y peperoni que Antonio les había llevado la noche anterior mientras veían en su televisión de pantalla plana un nuevo episodio de MasterChef.

Fuente de la imagen: Pexels